La psicología de la desinformación

Crédito de la imagen: © Martin Meissner/AP Images

Por Bárbara Turnbull

En los últimos años, ha quedado claro de forma preocupante que la desinformación —la diseminación de información incorrecta o engañosa— tiene un gran impacto negativo en la sociedad. La desinformación puede ser realmente peligrosa: puede influir en el resultado de unas elecciones e incrementar las dudas sobre prácticas sanitarias como la vacunación. Las plataformas de información, en especial los medios sociales como Facebook y WhatsApp, están repletas de artículos e historias que no son veraces.

Hay muchos tipos de desinformación, y algunos son peores que otros. Podría tratarse de un artículo que tergiversa el contexto más amplio de una noticia o, peor, de un artículo que engaña adrede a los lectores sobre los hechos de un acontecimiento.

¿Por qué es tan fácil diseminar desinformación? Primero, los medios sociales ofrecen una plataforma sencilla a tal efecto. Segundo, nuestros cerebros ansían las historias intensas y entretenidas que brinda la desinformación. Y, tercero, ¡nos gusta compartir esos tipos de contenido atractivo!

Al usar los medios sociales, es usual que el aspecto “social” se anteponga a tu buen criterio en cuanto a la comprobación de la veracidad de la información o la credibilidad de la fuente. Después de todo, se trata de artículos compartidos por tus amigos y familiares; ¿por qué habrían de diseminar desinformación? Es fácil confiar en lo que vemos en los medios sociales porque sentimos que controlamos de quiénes son las publicaciones que leemos. Los medios sociales por lo general ofrecen un modo informal de mantenerse en contacto y ver contenidos interesantes. Además, son espacios para relajarse y no emplear el pensamiento crítico ante cada información o meme que se nos cruza. Pero esto significa que, cuando se navega sin pensar, uno está expuesto a desinformación mientras tiene la guardia baja. Si bien la mayoría de nosotros estaría de acuerdo en que debemos luchar contra la desinformación, usualmente somos nosotros mismos los que actuamos como cómplices o participamos activamente en la diseminación de desinformación.

Sin embargo, no podemos culpar solo a los medios sociales de diseminar desinformación. La desinformación nos resulta atractiva porque tiende a ser espectacular y divertida. Estos tipos de artículos son muy entretenidos, por lo que son más atractivos y reciben mas clics que las noticias políticas diarias. Y nos gusta leer esta clase de historias; nos hacen sentir bien. ¿Alguna vez te diste cuenta de que estabas haciendo clic en historias macabras o tristes porque querías saber algo más? Podrías ser más susceptible a leer contenido con información errónea.

Quienes producen desinformación saben que nos gusta leer ese tipo de historias, por eso siguen generándolas. Y, lamentablemente, completamos el ciclo de la desinformación al leerlas y compartirlas. La próxima vez que te desplaces a través de los medios sociales, recuerda que no siempre puedes confiar en las historias y las fotos que comparten tus amigos y familiares. Procura salirte del ciclo de negatividad y desinformación compartiendo artículos cuya veracidad hayas verificado y que te den alegría. Puedes tener buenos modales en los medios sociales y ayudar a limitar la diseminación de desinformación acordándote de detenerte, reflexionar y verificar.

 

Bárbara Turnbull es estudiante de Política en Oberlin College, en Oberlin, Ohio. Ha investigado y escrito sobre reforma electoral, política ambiental y la mujer en la política.

Las opiniones y puntos de vista expresados aquí pertenecen al autor y no reflejan necesariamente los de la Red YLAI o el gobierno de los Estados Unidos.

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